SUPUESTAS REVELACIONES

 

Una foto que (según dicen) presenta la silueta de Juan Pablo II en fuego acapara la atención de distintos medios. La foto fue tomada durante una vigilia de oración en un pueblo polaco el 2 de abril de 2007,  segundo aniversario de la muerte de Wojtyla, a las 21:37, hora de su fallecimiento.

Esos son los datos. Suponiendo que no haya fraude, retoque o manipulación de la foto, se dan diversas interpretaciones.

Para unos es una aparición, un milagro que puede servir para la beatificación del papa polaco. Eso piensa el joven que tomó la foto. Cuando la vio, dice, "las llamas formaban la figura de Juan Pablo II con la mano alzada, como si estuviera bendiciendo".

Para otros es un caso de piromancia,  que el Diccionario de la Lengua Española define como “adivinación supersticiosa por el color, chasquido y disposición de la llama”.

Para otros, se trata de una proyección. En el fondo, se ve lo que uno lleva dentro. Ante un estímulo sin sentido o ambiguo, se proyecta el propio interior. 

Teniendo en cuenta el conjunto de datos, podría ser una señal, pero no una señal cualquiera, sino una señal de juicio. En la Biblia el fuego es símbolo e imagen de juicio y de purificación. Juan el Bautista llama a la conversión con estas palabras: Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. El que viene detrás tiene la función de juzgar: En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era, pero la paja la quemará con fuego que no se acaba (Mt 3,10-12). ¿Cuándo será eso? Hay un momento especial: Después de la muerte, el juicio (Hb 9,27).

La imagen del fuego la utiliza también Pablo, cuando advierte: Mire cada cual cómo construye... la obra de cada cual quedará al descubierto, la manifestará el Día, que ha de manifestarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel cuya obra... resista, recibirá la recompensa. Mas aquel, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa por el fuego (1 Co 3,11-15). En El día de la cuenta podemos encontrar algunas señales de juicio, semejantes y convergentes (pp. 485-487 y p. 29).

En cualquier caso, conviene recordar lo que hoy se lee en todas las iglesias. Lo dice Pablo a la comunidad de Tesalónica:  No perdáis fácilmente la cabeza, ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima (2 Ts 1,11-2,2). Pues eso, ahí queda el aviso: no perdamos fácilmente la cabeza, ni nos alarmemos por supuestas revelaciones. Además, es preciso discernir. Como puede comprobarse, la milagrería anda suelta, está a la orden del día.

 

Jesús López Sáez, 4 de noviembre de 2007